28.2.17

Jaque

He pasado por dejar de pensar en aquellos que me han usado.
Pero eso no quita que me haya tocado la ética, la moral y las entrañas que hayan pasado por mi vida personas que han jugado a los rompecabezas conmigo. Me han hecho daño las verdades no contadas, las mentiras piadosas.
Son como jugadas de ajedrez en un tablero desgastado y deshecho por el paso del tiempo. No me gustan las coces de los caballos que me desencajan la mandíbula, tampoco los rifirrafes de los peones que van a un destino más que obvio y sobreviven por conformismo. No me gustan las piezas inútiles que van en zigzag y marean de tal manera que pierdes el norte, el sur y el este. No me gustan aquellos que van de reyes y piensan que no se equivocan jamás y ni siquiera retroceden en el espacio y en el tiempo para disculparse por mover en la dirección errónea. No me gustan las falsas reinas, que manipulan emocionalmente a cualquiera y descolocan allá en la dirección en la que vayan.
No me gusta que me den falsos jaques y que se salgan con la suya.
No.
No.
No.
Y no.
A mí nadie me da jaque mate.
Nadie me saca del juego y del tablero y se queda tan tranquilo.
Quiero ser yo quien de jaque mate, quiero ser quien mueva a las piezas enfurecidas y a cada movimiento sean plomadas imposibles de mover.
Quiero ser quien advierta de las consecuencias de las palabras no dichas, quien avise de que hay actos que sugieren desconfianzas y asperezas.
Porque yo no soy ninguna reina, ni una torre, ni un alfil, ni un caballo, ni un peón. Soy el puto rey del tablero, el que decide en qué dirección moverse a cada instante, en que momento puedo hablar y en cual he de callar.
Y en qué momento decidir sacar a la caballería para que todo desemboque en una batalla en donde la verdad reina más que las mentiras y las traiciones. En donde se ejecuta de forma medieval a los herejes. Y se les practique sodomía a los creyentes.
Porque nadie es la propiedad de nadie, en la cual puedes planificar y organizar una extorsión o un chantaje. Nadie tiene derecho a sacarte del tablero. Nadie tiene derecho a callarte o callarse y no dar una explicación a su debido tiempo. Nadie tiene razones o lógica alguna cuando decide pasar el tiempo y deja los cabos sueltos.
Porque aquellos que dejan los cabos sueltos son los cobardes que no viven en el tiempo, son los pusilánimes que ocultan los pensamientos, son los hipócritas que fingen sus deseos y sus anhelos más internos.